Episodio 04 "The Power of Three".

25 septiembre 2012


Es cierto, las cosas buenas realmente llegan de tres en tres. Después de un gran chapuzón de calidad con “A Town Called Mercy”, Doctor Who regresó en muy buena forma éste sábado con “The Power of Three” (El Poder de Tres). Con reminiscencias de los días Davies/Tennant, el episodio fue verdaderamente "dedicado a verdaderos aficionados", como bien comentó en una entrevista Matt Smith. Para la penúltima aventura de los Pond, parecía lógico que antes de desacelerar las cosas y saber cómo nuestros queridos "companions" se irán de la Serie, explotasen el impacto del Doctor en sus vidas, y a la vez, el impacto de los Pond en la vida del Señor del Tiempo. 

En su mayor parte; The Power of Three, golpea cada latido emocional con satisfactoria elocuencia, y a pesar de no dejarnos suficientemente claras algunas cosas, la membrana humorística y entretenida que recubre la aventura llega a la altura de las expectativas.  

El Doctor regresa al hogar de los Pond y, tras los episodios de “Pond Life”, vemos que Rory y Amy siguen teniendo en cuenta su compromiso con la otra vida, esa hermosa vida de casados en la que ambos trabajan para mantener la casa que el propio Doctor les regaló. Amy comenta al padre de Rory; Brian, que este particular “equipo Tardis” ha estado viajando con el Doctor durante 10 años. Y aunque traten de regresar lo más pronto posible, es inevitable que ambos se noten cada vez mayores a los amigos y familiares que dejan. 

Lo mejor del episodio… 

En una conversación parecida a la que Wendy mantuvo con Peter Pan, Amy le dijo al Doctor que sentía la necesidad de no seguir huyendo. En una de las escenas más conmovedoras de la Era Smith, éste explicó: “Esto es sólo un rincón, en un país, en un continente, en un planeta que es un rincón de la galaxia, que es un rincón de un universo que crece y decrece continuamente, que se crea y destruye, y no permanece inalterable ni un solo milisegundo, y hay tanto que ver Amy… todo va tan rápido… yo no huyo de las cosas, voy a su encuentro, antes de que estallen y desaparezcan para siempre. Y está bien, nuestras vidas no irán paralelas, no pueden… un día, pronto, quizás… tu te detendrás, pero yo siempre regresaré a la primera cara que esta cara vio por primera vez, porque te llevo grabada en mis dos corazones, Amelia Pond, siempre lo estarás. Estoy corriendo hacia ti y Rory,  antes de que os alejéis de mí”

El episodio trata de inyectar en los espectadores lo mucho que significa el Doctor para los Pond, y viceversa. Eso sólo aumenta mi sospecha de que el “depredador de los Daleks” ha estado pasando tiempo con sus amigos después de conocer el eminente (y al parecer, aciago) futuro de éste matrimonio. Después de sus carreras por el tiempo y el espacio, y con la aparición de los cubos  en “La Invasión Lenta”, el Doctor regresó a Amy preguntando;  “¿Puedo quedarme aquí…? Te extraño.” Después, pasa casi todo un año en la residencia de ambos, disfrutando de unos últimos momentos juntos.

Los Cubos ostentan los ingredientes de una inteligente y misteriosa aventura llena de intriga, y dicho sea de paso, no siempre se puede ver al Doctor perplejo y frustrado por la presencia de éstos. También se involucró la UNIT, ofreciendo un pequeño giro especial y un distintivo homenaje al mítico General de Brigada, con la aparición de Kate Stewart. Ella está muy capacitada para trabajar al lado del viejo colega de su padre para defender la Tierra, y me da que seguirá al timón de la Unidad durante mucho tiempo.

Lo peor del episodio…

A medida que los cubos se iban activando, se mostraban al mundo como una inmensa arma capaz de estudiar y atacar cada debilidad del ser humano. No sólo afectaba con daños físicos y psicológicos a las personas de su alrededor, si no que además, tenían la capacidad de reproducir la famosa canción de “La Cucaracha” eso sí es maligno. Desafortunadamente, terminada la cuenta regresiva y tras los acontecimientos sucedidos después (no daré Spoilers), me sentí un poco decepcionado con la simplona y frágil resolución que ofrecieron del capítulo. El Shakri pareció salir de la nada, y para ser alguien tan malvado como para aparecer en los cuentos de terror Gallifreyans, la verdad no se esforzó mucho. Los enfermeros gemelos con máscara de gas, en realidad carecen de un sentido global, no se ofrece una explicación clara de por qué secuestraban a ciertas personas,  y/o hacían rehenes en el propio hospital.
El Doctor, una vez dentro de la nave espacial y frente a la pantalla de mando, todo lo que hizo fue una pequeña maniobra con su destornillador sónico y solucionado, ¡reanimación por desfibrilación para todos! La 1/3 de la población había sido atacada por el circuito cardíaco de los cubos, pero nadie se vería gravemente afectada debido a la pérdida de la circulación en el cerebro durante 10 minutos. Cuando el Doctor y sus compañeros escaparon, dejaron un cuarto lleno de pacientes secuestrados en la nave espacial, después, todo explotó. 


En definitiva, opino que “The Power Of Three” es un episodio muy necesario dentro de esa larga y grata compañía que nos ofrecieron los Pond (o los Williams) a lo largo de tres temporadas (otra vez tres) y el sentido de darle la vuelta a la convivencia, ese sentido humorístico de ver al Doctor en casa de sus amigos y no sus amigos en casa del Doctor (la TARDIS); endulza más si cabe ese “detrás de los viajes” que no habíamos visto hasta llegado Pond Life. 


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