Regenerando Doctor Who (III) Stven Moffat

30 septiembre 2013

Todo cambia y todo sigue igual: regenerando Doctor Who (III) 

Por Rubén Carrasco | 30/09/2013

Steven Moffat: 2010-2013 

La marcha de Russell T. Davies y David Tennant de la serie marcó el final de una etapa y el inicio de otra. Además, éste fue el momento que la BBC decidió usar para trasladar toda la producción de la serie a Gales, ajuste presupuestario mediante. Nos encontramos en 2009 y la crisis empieza a acuciar.

Más allá de cuestiones monetarias, el cambio importante a nivel creativo vino de la mano de Steven Moffat, quien, hasta la fecha, se había encumbrado como el mejor guionista de la serie, pues había ideado algunos de los más memorables episodios de la nueva etapa de Doctor Who. Esta elección satisfizo a los fans, quienes, pese a ser conscientes de los posibles cambios que Moffat podía introducir, confiaban en que el Doctor estaba en buenas manos. Lo que fue algo más polémico fue la elección de Matt Smith como undécimo Doctor, pues su perfil era diametralmente opuesto al de David Tennant y su décimo Doctor. Grandes cambios esperaban a Doctor Who en su quinta temporada, no por casualidad es un paradigma del “todo”.

Si Doctor Who tiene una cualidad a valorar es el hecho de ser capaz de reinventarse por completo para, sin perder su esencia, amoldarse a todas las manías estilísticas del showrunnner de turno. Así pues, a Moffat no le cuesta reinterpretar todo lo que había hecho Davies antes que él y, si éste había acercado la serie a una audiencia del siglo XXI, manteniendo la esencia de la serie original, Steven Moffat va un paso más allá y decide que es hora de llevar al propio Doctor y su universo al siglo XXI. Y es que parece que el destino de Moffat sea reinventar clásicos para este milenio, llenándolos de humor negro, cinismo y acidez, espolvoreándolo todo con un toque sexual. Este toque había esquivado Doctor Who hasta la fecha y en esta etapa se refleja tanto en decisiones de guión (la inclusión de River Song –Alex Kingston-) y diálogos, como, por ejemplo, en la profesión de Amy - Karen Gillan-, la nueva acompañante, quien trabaja de kissogram, es decir, entrega mensajes sorpresa acompañados de un beso mientras va disfrazada de forma provocativa. Aún así, la serie sigue sin mostrar escenas subidas de tono, pues, aunque Moffat es consciente de que, aunque la ficción debe crecer hasta cierto punto con el público, no deja de ser un programa familiar. Pero antes de Doctor Who, Steven Moffat ya había implementado este proceso de transformación de clásicos en la miniserie Jekyll (2007) y volvería a hacerlo en Sherlock (2010-).


Así pues, nos encontramos ante El Doctor más oscuro y adulto hasta la fecha, con un tema (típico de Moffat) como hilo principal que hilvana todas las tramas: el miedo. Éste puede referirse al miedo explícito a una otredad, pues en su obra abundan los monstruos (aunque, al final, acostumbran a ser más humanos que los propios humanos) o al miedo a uno mismo (como le ocurre a Tom Jackman -James Nesbitt- en Jekyll, al propio Doctor con su lado oscuro y su secreto o a Sherlock –Benedict Cumberbatch-, quien lucha contra una antigua adicción). Como sea, ese miedo estará, siempre, estrechamente ligado al miedo infantil, pues la infancia es una constante en la visión que tiene Moffat de Doctor Who, como si la serie pudiese servir a los espectadores de menor edad como mecanismo para afrontar los terrores nocturnos.

Los personajes de Moffat y, por lo tanto, El Doctor, recogiendo la herencia de sus encarnaciones anteriores, tienen dos grandes características. Por un lado, acostumbra a presentarnos “guerreros”, personas luchadoras, tanto figurada como realmente (El Doctor sufre las consecuencias de una guerra, del mismo modo en que lo hace Watson –Martin Freeman- en Sherlock, pues acaba de llegar de Afganistan), con profundos traumas del pasado y heridas, en un principio físicas (El Doctor debe regenerarse tras su última batalla y Watson siente dolor en una pierna), pero que son, en realidad, psicológicas. Todos estos tormentos, que ligan con los tormentos propios del miedo infantil que comentábamos anteriormente, son algo difícil de superar y parecen un mundo, aunque, en realidad acostumbran a ser cosas insignificantes (hecho del que sólo nos percatamos con el tiempo).

Por otro lado, sus personajes son genios inadaptados, autocomplacientes, ególatras, que sienten la necesidad de tener a alguien a su lado a quien sorprender constantemente (es el caso de Katherine Reimer -Michelle Ryan- en Jekyll, cualquiera de los acompañantes de El Doctor o Watson respecto a Sherlock). Aún así, les gusta que, tengan quien tengan al lado, también les sorprenda y les aporte algo pues, en definitiva, acostumbran a ser personajes incomprendidos que tan solo buscan entendimiento. Con su “pareja”, curiosamente, sin llegar a la comprensión en un nivel cotidiano o de convivencia, logran una fuerte conexión en términos profundos.


El Doctor ya era así por definición, pero en su onceava encarnación estas dos características se ven potenciadas. Después de los acontecimientos que ponen fin a la etapa Davies, el Doctor decide que debe permanecer sólo a riesgo de perderse a sí mismo, pues ha hecho demasiado daño a todo aquel que he tenido cerca (aunque estos insistan el decirle lo maravilloso que ha sido viajar con él), volviéndose más pensativo y taciturno que nunca antes, más hermético y misterioso; a la vez que se vuelve más humano y protector en su relación con sus nuevos acompañantes, pues teme que vuelvan a ser victimas suyas y de su leyenda (lo que le lleva, en última instancia, a fingir su muerte a final de la sexta entrega, segunda de Moffat, para volver a las sombras y dar esquinazo a sus enemigos).

Estas nuevas características que adquiere el personaje, además, son perfectas para que Moffat haga gala de su maestría a la hora de dialogar. En sus diálogos predominan las frases del pensamiento, las frases inacabadas, los razonamientos que se pierden, y los cambios de humor repentino, que cuadran tan bien con la excentricidad y la aceleración propia del Doctor.

Pero si hay algo a admirar en la aportación de Moffat a Doctor Who, es la capacidad que tiene de crear nuevos enemigos que pasan a convertirse en clásicos de manera instantánea. Esto es algo que logra ya durante su etapa como guionista, con los Weeping Angels (Blink – 3x10), estatuas de piedra que sólo se mueven y atacan cuando no las miras fijamente; pero lo hace con mayor soltura al adueñarse de la serie, creando toda una mitología alrededor de un enemigo invisible conocido como The Silence (que resulta ser una secta religiosa) y sus secuaces, The Silence, una temible especie capaz de borrar tus recuerdos sobre ellos en cuanto dejas de mirarlos.



Steven Moffat es el genio actual de la narración fragmentada en televisión. Acostumbra a empezar sus historias in medias res de forma que las piezas del puzle deben encajar poco a poco, ya no sólo dentro de un capítulo, sino a lo largo de temporadas completas. En este sentido, son los misterios lo que sostienen la etapa Moffat de Doctor Who: la identidad de River Song y su relación con el Doctor (trama que ya plantó él mismo allá por 2008, mientras Davies era el showrunner, pero ya sabía que tomaría el relevo); qué es y qué busca The Silence; quién es Clara Oswald –Jenna Coleman-, su nueva acompañante; y, más recientemente, quién es la misteriosa encarnación de El Doctor interpretada por John Hurt presentada en The Name of The Doctor (7x14). Estos grandes puzles, a diferencia de Davies, quien no alargaba los misterios más de una temporada, pueden estar varias temporadas en el aire y son la base sobre la que se articula la historia que Moffat pretende contar del Doctor. Y es que él acostumbra a que sus protagonistas tengan que enfrentarse a un enemigo único, poderoso, que está por encima de todos y sobrevuela todas las tramas, ya sea una organización milenaria (como ocurre no sólo en Doctor Who, sino también en Jekyll) o un solo personaje con capacidad de extender sus influencias más allá de lo imaginado (Moriarty en Sherlock).

Otra importante diferencia entre la etapa Davies y la etapa Moffat es el uso que éste hace del recurso del viaje en el tiempo. Mientras Moffat lo utilizaba como mera excusa para plantear situaciones diversas, Moffat lo utiliza como recurso para articular la estructura narrativa, la historia y las relaciones entre los personajes. Sin ir más lejos, todo el misterio que rodea la relación entre el Doctor y River Song se cimenta en el hecho de que sus encuentros se producen de manera inversa, pues ambos son viajeros temporales, así, cuanto más envejece el Doctor y más sabe de ella, se encuentra a una River cada vez más joven e inexperta. Por ejemplo, la primera vez que el Doctor la ve (Silence in the Library y Forest of the Dead – 4x09 y 4x10), ella lo sabe todo sobre él y él, sin saber por qué, debe ver como muere. Este hecho ha generado controversia, pues se empieza a criticar a Moffat por utilizar demasiado a menudo el viaje en el tiempo como comodín argumental para intentar resolver tramas complejas.

Estructuralmente, las temporadas de Moffat son mucho menos rígidas que las de Davies. A diferencia de éste, Moffat puede marcarse capítulos autoconclusivos que nada tienen que ver con la trama principal (ese enemigo de fondo conocido como The Silence) o puede hacerte creer que uno de los tándem de capítulos que presenta no tiene nada que ver con el argumento central hasta el último minuto, donde desvela una conexión inesperada con éste (aunque en la séptima temporada a prescindido por completo de los capítulos dobles). Además, como ya hemos dicho, los arcos argumentales tienden a prolongarse más allá de la duración que tenga la temporada.



Estéticamente se podría decir que el Doctor Who de Moffat es diametralmente opuesto al que Davies presentó en 2005. En gran parte, este hecho se debe a las señas de estilo presentes en toda la obra del nuevo showrunner, pero también son decisivos en este cambio los ajustes presupuestarios que sufrió la serie con el cambio de etapa. Sin ir más lejos, el Doctor Who de la undécima encarnación se aleja en gran medida de Londres (muy presente en la etapa anterior y recientemente reaparecida en la ficción), reduce la presencia de exteriores a mínimos (aunque su popularidad internacional y un aumento presupuestario por la cercanía del 50 aniversario le ha permitido ir a grabar a localizaciones de Estados Unidos o España), se recurre con más frecuencia a decorados, llegando, en algunos casos, a desarrollar historias que transcurren en un par de espacios, gran parte de ellos recreados de manera digital, y las escenas que transcurren dentro de la TARDIS, un set fijo que ha cambiado recientemente, son más numerosas (llegando algunos capítulos a tener la nave como escenario principal).

También es importante la presencia de la tecnología, otra constante de Moffat, quien, por ejemplo, utiliza con asiduidad los sistemas de vigilancia (Jekyll) o las nuevas tecnologías (Sherlock). En el caso de Doctor Who, pasamos de tener, por ejemplo, una TARDIS esencialmente steampunk y bastante analógica, a tener una nave de características más futuristas, moderna y ultra-tecnológica. Así pues, choca el rediseño que la nave a sufrido para conmemorar el medio siglo de la serie, pues se inspira en la serie clásica y se aleja totalmente de la visión anterior, apostando más por un aire futurista de líneas limpias y simétricas.

En otro orden de cosas, si marcábamos que el universo de Russell T. Davies era el de los colores cálidos vivos, el universo de Steven Moffat es el de los colores fríos y desaturados, de manera que toda la fotografía tiende al gris y a la oscuridad. Así, la nueva atmósfera que Moffat imprime al Doctor, más adulta y tenebrosa, se refleja en todos los aspectos de la producción, incluida la música, donde MurrayGold, sin perder su estilo, se adapta a la perfección a las nuevas aventuras de Doctor Who, un punto más intimistas y menos épicas que en su etapa anterior.



Doctor Who cumple este año medio siglo de vida y Steven Moffat, que aún sigue frente al barco (por ahora, sin signos de querer abandonarlo), ha prometido especial conmemorativo de infarto (The Day of The Doctor, que se emitirá el 23 de noviembre) después de una séptima temporada bastante irregular y la BBC prepara múltiples eventos para celebrar tan destacada fecha. Como sea, tras la celebración de las cinco décadas de vida, se presenciará una nueva regeneración del Doctor que, muy seguramente, dará el pistoletazo de salida a una nueva etapa. Habrá que ver, por lo tanto, si el cambio de Doctor le sirve a Moffat para continuar con su visión del show o, por el contrario, éste decide rediseñar la ficción de arriba abajo una vez más. Si se da el caso, pero, no olvidaremos dónde reside gran parte de la magia de esta serie: ser capaz de reinventarse por completo manteniendo intacta una esencia con mucha historia. Será interesante, tras esto, ver cómo evoluciona Doctor Who en las próximas décadas y analizar las nuevas regeneraciones que los sucesivos showrunners impongan a tan peculiar ficción.

Gracias por leer. 





Artículo original de Rubén Carrasco Picazo.
Imágenes: Doctor Who is © BBC.
Doctor Who España / Doctor Who Spain.

5 comentarios

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02 octubre, 2013 delete

Excelente articulo, me gusto mucho, totalmente de acuerdo con todo

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EFA
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02 octubre, 2013 delete

Perdonad una pregunta: ¿En el ExCel de Londres del 23 de noviembre podremos hacernos fotos con el doctor y firmar autógrafos? ¡Muchas gracias! Un saludo.

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02 octubre, 2013 delete

Hola Efa, está confirmado que algunos de los Doctores que han formado parte del elenco de Doctor Who estarán en la firma de autógrafos (con foto incluida) en los stands de la ExCel de Londres. Las fotos con Matt Smith se debían reservar con antelación a través de la página web oficial, ya que estas oportunidades estuvieron disponibles por suplementos y sujetas a disponibilidad. Date cuenta que habrá miles de personas esperando autógrafo, por lo que la probabilidad para conseguir uno depende del entusiasmo y las ganas que le pongas. Para más información:

http://www.papelpsiquico.com/2013/07/detalles-sobre-la-celebracion-del-50.html

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Jess
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02 octubre, 2013 delete

Como ya he dicho antes, soy fiel a la época de RTD. Yo estoy familiarizada con Moffat, conozco su trabajo, es excelente en Sherlock, pero Doctor Who no es Sherlock. No puede ser sexualizado, Doctor Who tiene una audiencia de una edad mucho menor y honestamente hay algunas partes de la era de Moffat que dejan mucho que desear, como aquella escena de un especial en el que Rory se distrae por estar bajo la consola y ver a Amy con una falda a través del piso. O las miles y desubicadas referencias que hace River (no me tomen a mal, river es un buen personaje), o la falta de fondo de los personajes. ¿Por qué para Moffat la vida de los acompañantes debe girar en torno al Doctor? ¿Qué el Doctor es bueno? Claro que lo es! ¿Que es uno de los seres más importantes del universo? Por supuesto! pero la vida de los acompañantes debe ser independiente a la del Doctor, como por ejemplo lo fue la vida de Martha.

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Anónimo
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05 octubre, 2013 delete

Decir que los personajes de RTD tienen más profundidad que los de Moffat es demostrar que no se tiene ni idea de dramaturgia.
No se pueden ni tan siquiera comparar.

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