La historia de Martha o el Año que nunca existió (IV)

05 agosto 2016

Y seguimos con las aventuras de Martha...  (Enlaces anteriores: Parte1, parte 2, parte 3)

La planta de Koban era un bloque de hormigón de veinte pisos de altura rodeado por anillos de alambre de espinos y bases de ametralladoras. Cuando bajaron del autobús que les llevó a Koban lo hicieron en un garaje subterráneo, allí los guardas les ordenaron quitarse su ropa y sustituirla por unos monos de protección de materiales peligrosos; aunque no sin antes pasar por una serie de reconfortantes duchas químicas y ser secados con un sistema de aire.

Una gran antecámara bañada por una luz fría les esperaba en el interior de Koban. Allí un coro de voces recibió a los “voluntarios”, y al fin desde que llegó a Japón, alguien reconoció a la famosa Martha Jones. Ese alguien fueron los Drast. Había seis Drast, éstos eran altos, delgados y vagamente humanoides. Cada uno llevaba una compleja armadura muy ajustada hecha de un metal azul y cubrían sus caras detrás de unas máscaras profusamente ornamentadas. La luz que brillaba por las ranuras de los ojos, de la boca y los espacios entre los segmentos estrechamente forjados indicaba que sus cuerpos eran bioluminiscentes.

La presencia de aliens en la Tierra previa a la conquista del Amo no debería de sorprendernos, pero el hecho de que los Drast llevaran diez años tratando de apoderarse de la Tierra sí que debería. La particularidad de este intento de conquista por parte de los Drast es que no lo hacen de la forma tradicional (llegando y formando un gran revuelo) sino que van apoderándose progresivamente de los sectores económicos y los manipulan hasta que consiguen un control efectivo de la cultura y de la economía del mundo escogido. De esta forma se apoderan de los mundos sin que nadie se entere.



En el Día Cero, los Drast estaban bien establecidos en los sectores tecnológicos de Japón y usaron tal posición para tomar el control de forma clandestina de la manufactura del Amo en Japón. Los Drast eran bien conscientes de que no podían  competir con el Amo; al menos no sin ser destruidos en el intento. Por ello decidieron ocultarse del Amo mientras efectúan una retirada del planeta. Sin embargo, los Drast no pueden utilizar una nave cualquiera para tal propósito, pues el Amo la destruiría de forma bastante rápida, por ello la única forma de escapar de la Tierra es mediante el uso de la Transición Relativista.

La Transición Relativista ocupaba una amplia cámara en el corazón de la planta de Koban. La Transición estaba contenida en un armazón de obeliscos cromados pulidos arraigados en un pedestal de piedra. El diseño de los obeliscos, incluso sus proporciones, revelaba que aunque habían estado construidos de materiales terrestres, no habían sido diseñados por una mente terrestre. La Transición era como un brillante rayo moviéndose a una velocidad muy lenta; era una rotura artificialmente inducida en la fábrica del espacio-tiempo, una puerta por la que los Drast pretendían escapar de la Tierra.
La Transición puede llevar a cualquier lugar (corazón de un sol, un mundo tóxico, un espacio vacío…), por ello ha de ser constantemente calibrada hasta que el tránsito sea seguro. Y para comprobar si el tránsito es seguro se envía a los voluntarios por ella. Hasta la llegada de Martha, los Drast habían realizado la prueba en 98 ocasiones; todas con resultados desfavorables. Marhta aprovecha el temor que los Drast sentían hacia el Amo para pedirles ayuda en su lucha. Por desgracia los Drast se niegan pero consuelan a Martha: una vez la Transición esté calibrada se verán forzados a abrirla completamente. Tal hecho provocará un significativo colapso catastrófico, en otras palabras, la Tierra será desintegrada, matando al Amo y liberando a la raza humana de su miseria.



 Con lo cual a Martha se le plantean dos problemas; ahora no solo tiene que salvar a la Tierra del Amo, sino también de los Drast. Griffin iba a tener el dudoso privilegio de ser uno de los primeros en pasar por la Transición, pero consigue liberarse de sus ataduras y se adueña del arma de uno de los guardas. Tras ello se dirige corriendo hacia la base del obelisco, un lugar en el que los guardas parecían reacios a tratar de reducirlo, por miedo a golpear el ensamblaje de la Transición ya que, tal cosa produciría un fallo en la alimentación resultando en una gran explosión.

Martha convence a los Drast de que a Griffin le faltan un par de tornillos, de forma que la única forma de que Griffin no cumpla sus amenazas de hacer estallar la Transición es cerrándola completamente. Los Drast, muy a regañadientes, acceden. El cierre de la Transición provocó apagones de luz a lo largo de todo el sector industrial. Durante los diez primeros minutos del apagón el pánico se apoderó de las zonas de trabajo, terminales marítimas y las cúpulas de las plantas. Tras veinte minutos comenzaron las revueltas, con trabajadores arrollando a los supuestos soldados de las FUC.

El cierre de la Transición también provocó que los campos de ocultación de los Drast se apagaran, de forma que la llave de TARDIS volvía a cumplir con su función y Martha volvía a ser invisible. Esto también provocó que el Amo fuera consciente del caos que se estaba desatando en las islas, y cuando descubre la presencia de los Drast decide acabar con ellos de forma inmediata; y lo hace incendiando las islas de Japón.



Martha sabía que el Amo no iba a dejar pasar por alto tal agravio, por ello coge el primer portacontenedores que salía del puerto. Desde el barco pudo ver como enjambres de Toclafane daban rienda suelta a sus mortales láseres y como las ciudades comenzaban a arder. Martha sabía que el Amo sería vengativo, pensaba que enviaría a sus fuerzas a acabar con los Drast; pero nunca pensó que quemaría completamente las islas. Incluso cuando el portacontenedores estaba bastante adentrado en el mar podía ver perfectamente las columnas de humo y copos de hollín caían sobre ella. Fue entonces cuando Martha, después de haber pasado seis meses recorriendo el mundo lloró por primera vez, y lo hizo durante mucho tiempo y de forma desconsolada. El barco alcanzaría su destino, San Diego, en unas pocas semanas. Por delante de Martha aún había un largo caminar hasta conseguir volver al Reino Unido, a su hogar. Mientras tanto, después de salir de Koban Griffin encontró su final a manos de un Toclafane.

La Historia de Martha concluye aquí; lógicamente para volver al Reino Unido tuvo que recorrer toda América. Ella misma en el Last of the Time Lords reconoce que el Amo está tallado en el Monte Rushmore (Dakota del Sur) y que ha estado en las Ruinas de Nueva York. Además, cuando vuelve al Reino Unido no lo hace directamente desde el continente americano, sino desde Dunkirk, una población francesa frente a las costas británicas (este lugar sirvió de punto evacuación de las tropas británicas durante la Segunda Guerra Mundial). Desafortunadamente el libro no dice nada de su largo caminar por Estados Unidos; eso solo lo podemos dejar en manos de nuestra imaginación. 



¿Que os ha parecido este viaje junto a Martha Os invitamos a dejar vuestras impresiones en los comentarios. 









                                                                                                                                                                      
 Artículo de Ángela Ruiz para Redvista Papel Psíquico
Fuente: "La Historia de Marta" y "Last of the Time Lords"
Agradecimientos: A  Audiowho y su impresionante trabajo.
Doctor Who España

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