Barbilla y Soufflé, precuela de El Día de la Madre

21 abril 2014

El próximo domingo 04 de mayo, el equipo de TN-ND Project presenta en sociedad "El día de la madre", segundo minisodio precuela a "El Mundo Imperfecto". No obstante, su preestreno tendrá lugar una semana antes en la 1ª Edición de Galacticat Mostra de Cinema Fantàstic de Ponent (evento respaldado por Sitges y la Acadèmia del Cinema Català) que abrirá sus puertas del 25 al 27 de abril en Tàrrega (Lleida, Cataluña). Su director Sergi Páez, junto con algunos actores del elenco, hablarán ante todos los asistentes al evento de todo lo relacionado al minisodio así como de actualidad y futuros proyectos.

El Undécimo Doctor y Clara Owald regresan para embarcarse en una nueva aventura en el espacio donde no faltará mucho humor y emociones fuertes por parte de sus protagonistas Carles Quero y María Cegarra. No obstante y para ir abriendo boca, hagámonos una pregunta; ¿Qué sucede antes de "El Día de la Madre"? Hoy os presentamos en exclusiva un fanfict escrito por el director del esperado corto donde se narran con detalle todos aquellos instantes que no se verán en pantalla. ¡Esencial para entender la historia!



Barbilla y Soufflé                                            Por Sergi Páez

Durante decenas de milenios, la minería y la forja han sido el atributo que más ha destacado de los hadhanianos como pueblo, intentando que esta buena fama de manitas superara la mala fama de codiciosos. La importación, exportación y trabajo de metales y minerales no es sólo la base de su economía, sinó de su cultura e historia: utilizan los eventos geológicos como calendario, y abandonaron Hadhodd en cuanto las excavaciones redujeron el tamaño del planeta un sesenta-y-tres por ciento, decidiendo buscar otro con una cantidad similar o superior de recursos.
El Doctor, sonriendo y emocionado, bajó una de las palancas y manipuló algunos de los botones sobre la consola gris. Clara no sabía bien qué hacía cada cosa, pero algo estaba claro: estaban aterrizando.
- Vaya, eso sí es apurar - comentó, esperando que la clase de historia hubiera acabado.
- Pues eso no es todo. Como cabría de esperar, los hadhanianos generaron una gran cantidad de riquezas, hecho que les obligó a crear grandes bancos y cámaras para guardar oro y toda clase de joyas, como Gringotts. ¿Has leído Harry Potter, no? O al menos visto.
- ¿Por quién me tomas? - rió Clara. La TARDIS ya había aterrizado. El Doctor se estaba poniendo la levita púrpura, por lo que decidió ir a por su mochila.
- No - espetó el Doctor-, no hace falta. Será sólo un momento. Sólo vamos a dejar una cosa – y abrió un viejo baúl mohoso lleno de ropas, recuerdos y sombreros. Tras buscar y rebuscar, encontró al fin un maletín alargado y negro.
- ¿Ese no es el cetro de Soav? Creí que se había quedado en la excavación para prevenir el auge del mal y toda aquella historia.
- Sí y no. Se quedó... una copia. Si este cetro es capaz de levantar un ejército de quebrantahuesos nocturnos zombie prefiero dejarlo a buen recaudo. Y no, la TARDIS no lo es. Más de una vez ha caído en manos equivocadas.
El Doctor le lanzó el maletín a Clara.
- Como decía, los hadhanianos abandonaron cada planeta consumido... pero dejaron detrás una nueva civilización en cada planeta explotado, una nueva clase en su raza, más calculadora y preventiva, que se encargó de diseñar y proteger como nunca antes planetas bancarios, uno detrás de otro: el primero conteniendo la mayor cantidad de riquezas jamás vista junta en el universo, y el segundo doblándola, y el tercero doblando al segundo...
El Doctor corrió por el puente de la TARDIS hacia las puertas, ofreciéndole la mano a Clara y abriéndolas de par en par para salir.
- Clara Oswald, bienvenida a Hadhod VI.
Ante ellos se alzaban, majestuosos, centenares de edificios como grandes columnas de piedra, cristal, oro, marfil y granito, todos ellos adornados con motivos extraños, cúbicos y cuadrangulares.  En la gran mayoría de edificios, y entre estos, se podían observar diferentes parques y jardines, con caminos, bancos y riachuelos artificiales. Aves de mil colores y tamaños sobrevolaban esquivando los grises bosques y construyendo sus nidos en su cima. La cultura hadhoniana, una vez explotado los recursos del planeta, lo había sabido transformar y cuidar para poder vivir en harmonía con su fauna y flora. Esta noche, la luz de las lunas bañaba toda la ciudad. Era muy hermoso.
Habían aterrizado sobre una plataforma de aterrizaje que sobresalía de un edificio especialmente decorado, con una bóveda rectangular coronada por un rubí del color de la sangre. Era el Banco Central.
- Este es el Banco Central del actual Imperio Humano. No estoy seguro de por cuál van. Es, lo más probable, el lugar más seguro del universo. Nadie que no tenga una cuenta aquí puede siquiera aterrizar.
- Oh. Entonces tienes una cuenta bancaria. Cada día que pasa me resultas menos alienígena.
- Tengo una cámara en el banco – contestó el Doctor, ofendido-. Para guardar cosas. Como el cetro. No necesito una cuenta. El dinero es basura.
- Claro. Di eso en voz alta en el centro de Londres.
La puerta que llevaba de la plataforma al interior del banco saludó a ambos al pasar, muy educadamente, mientras les escaneaba el cuerpo en busca de cualquier cosa que pudiera poner en peligro la seguridad del lugar. Clara sintió incómodamente cómo era examinada de arriba a abajo y se preguntó si eran sólo máquinas las que hacían el chequeo. "Las imágenes irán a algún sitio, supongo". Al Doctor, claro, no parecía importunarle aquel proceso.
Entonces fue cuando clara vio por primera vez un hadhaniano.
- ¡Santo cielo! ¡Son enanos!
Uno de ellos se la quedó mirando, como si la estuviera re-escaneando, farfulló algo bajo su larga barba castaña, y se fue. El Doctor la miró atónito.
- Pues claro que son enanos.
- Sí, ya. Pero no enanos, enanos... ¡si no Enanos-Enanos! Como los de las pelis de la Tierra Media... con sus barbas y sus... bigotes, ¡pero del espacio!
- Lo sé, ¿a que son increíbles? ¡Vamos, Clara! Cuanto antes acabemos, menos te pondrás en ridículo. Más, quiero decir.
Como era de esperar, el Doctor y Clara fueron atendidos en recepción con cortesía y acompañados y tratados con amabilidad hacia la cámara (aun teniendo en cuenta cómo miraba Clara a los hadhonianos que se iba encontrando).
- Puedo verme reflejada en la calva de ese... - le susurró a su compañero.
La cámara del Doctor era, por fuera, como otra cualquiera, pero por dentro... bueno, cabe de esperar: era mucho más grande. Clara quedó maravillada con la cantidad de cosas que había allí, tantos objetos imposibles y de leyenda, algunos creídos perdidos por mil civilizaciones, algunos totalmente indescriptibles y otros que, simplemente, no podían ser... y allí estaban. Todos eran extrañamente increíbles, y cada uno guardaba un secreto más profundo y oscuro que el anterior. Había muchos dignos de mención, pero uno de ellos, sin duda, era el que más-
Nah, esta mejor es una historia para otra ocasión.
El caso es que el Doctor y Clara dejaron el cetro de Soav en la cámara y se dispusieron a volver hacia la TARDIS cuando, de repente...
- ¿Cómo lo haces? - le dijo más cansada que enfadada Clara al Doctor – Sólo tenías que decir que es el lugar más seguro del universo para que pusieras un pie en él y salten las alarmas porque alguien a entrado a robar.
- Juro que no he tenido nada que ver. Esta vez... – el Doctor siguió su camino hacia la plataforma- Seguramente se ha aflojado un cable o algo.
Un pequeño grupo de unos cinco hadhonianos vestidos con armaduras bastante pesadas pasó por su lado. Clara agarró al Doctor del brazo.
- Ah, no. De eso nada, monada. Tu traes la mala suerte, tu sacas a esta gente de una mala situación. Vamos.
- ¿Sabes? No creo que tengas ninguna base realmente concluyente para afirmar lo que aca- Está bien, voy, ¡voy!
Un colectivo de enanos, o hadhonianos, había formado un semi-círculo y estaban escuchando a uno de ellos, rubio, con una larga barba trenzada.
- Señores, sabíamos que este día llegaría. La Sombra Carmesí llevaba meses intentando entrar en nuestras instalaciones. Y aunque cada vez que lo ha intendado hemos encontrado una nueva forma de impedir que se salga con la suya, no hemos sido capaces de hacerlo esta vez. No vamos a culpar a nadie, ni a sospechar de posibles traiciones: ese ser es escurridizo cual joazar de pantano. El cielo ha sido cerrado, ninguna nave puede entrar ni salir.
Clara, más rápida que el viejo Señor del Tiempo, ya se sentía parte del equipo de enanos al escuchar y sentir la patriótica y profunda voz del hadhoniano rubio. Todo aquello era de lo más emocionante. El Doctor ya estaba cerca, debía averiguar todo lo posible antes de irse.
- Eh... señor ena-hadhoniano, una pregunta.
- Dannly. Oficial Dannly, para servirla su alteza -dijo reverenciándose.
- No te lo creas mucho -le susurró el Doctor a Clara al oído-. Alteza viene de altura.
- Me preguntaba qué es lo que se han llevado.
El Oficial Dannly miró a los viajeros como si los analizara. La tercera vez ya ese día.
- ¿Y vosotros sois...?
- Nadie, ya nos íbamos – musitó rápidamente el Doctor.
- En realidad somos alguien, y nos quedábamos – contestó Clara rápidamente-. Inspectores de policía. Eso es lo que somos. Los reconocidos... eh, Barbilla y Soufflé. ¿Qué y quienes se lo han llevado?
El Doctor, al ver que Dannly no reaccionaba, y muy a regañadientes, decidió sacar a relucir su papel psíquico, en el que ahora se podía confirmar que eran quienes decían, y alguna que otra cosilla más. Clara dirigió una orgullosa mirada al Doctor.
- Bueno... - comenzó el Oficial - Bien, bien. En fin, vamos a ver. El qué es clasificado, ni siquiera yo lo sé: mi función es cazar a malhechores como la Sombra Carmesí que siempre están intentando entrar en nuestro banco... es la primera vez en décadas que consiguen burlar la seguridad. Y en cuanto al quién, eso es lo curioso. Sombra Carmesí, cómo no. No es la primera vez que viene. Es un ladrón... un cazador de recompensas, y un cobarde. Siempre huye, nunca se enfrenta a la autoridad.
- Quizá eso denota más bondad e inteligencia que cobardía, ¿no? - dijo el Doctor.
- No en este caso. La Sombra siempre actúa sola, pero esta vez andaba bien acompañado. ¿Habéis oído hablar de Kyrnil Roh? ¿La Muerte Azul? Dicen que ella sola acabó con la vida de toda una legión sontaran. Antes, la guerra era lo suyo. Ahora siempre va con ese... piratilla de poca monta. Hannibal no-sé-qué. Y lo más curioso es que Kyrnil siempre va acompañada de su gran sabueso Drarek, un medio-ser biónico de unos dos metros que le guarda las espaldas. Pero no se le ha visto por aquí hoy...
- Así que – aclaró el Doctor mientras se frotaba las manos calculadoramente- un objeto misterioso ha sido robado por un escurridizo cazador de recompensas y una asesina pirata que siempre va acompañada pero que esta vez no se le ha visto con su acompañante. Eso es muy interesante. ¡Mucho! Un caso digno de Doyle, ¿no crée Srita. Soufflé? Quizá deberíamos ponernos manos a la obra.
- Sí, Sr. Barbilla – contestó Clara, altiva-. Oficial Dannly, llegaremos al fondo de este asunto.
Dannly les observó atónito e hizo decenas de reverencias mientras expresaba su eterna gratitud por la ayuda que la pareja les ofrecía mientras estos se alejaban. Clara marchaba decidia y entusiasta a la altura del Doctor.
- Esto. Esto es un viaje chulo, no uno de esos en los que siempre acabamos al borde de la muerte. A lo Holmes y Watson. Tu eres Watson, claro. ¿Por dónde empezamos?
- Por la TARDIS. Nos vamos de aquí, Clara.
Clara se detuvo en seco.
- ¿Cómo? Pero necesitan nuestra ayuda-
- No, no la necesitan. Son policías-enano del espacio custodiando un banco hyper-seguro en un planeta cerrado del que nada puede entrar y salir, por favor.
Explosión.
De repente, todo el Banco Central se sacudió. Clara clavó su mirada en lo más profundo de los ojos gris-verdosos del Doctor.
- ¿No te cansas de equivocarte?
Y corrieron y corrieron hasta la plataforma de aterrizaje. Justo al llegar a esta, donde la TARDIS seguía intacta, alzaron la vista para ver cómo una bóveda celestial anaranjada, un campo de fuerza sobre el planeta, se abría lentamente sobre ellos.
- ¡Doctor, allí abajo!
Un humanoide, por la vestimenta y capa la Sombra Carmesí, y quienes claramente debían ser Kyrnil Roh, la Muerte Azul, y su gigante Drarek, caminaban impasibles hacia un transporte aterrizado en una plataforma a unos metros por debajo de donde se encontraban. Tras embarcar, la nave despegó y se alzó entre las nubes atravesando la bóveda  hacia el espacio.
El Doctor analizó con su destornillador la nave desde la plataforma.
- Es extraño – dijo mientras observaba los resultados de su análisis-. No han salido de la órbita. Han aterrizado en algún lugar.
Clara, que ya veía por dónde iban los tiros, no tuvo más que darle un último empujón al Doctor.
- Oh. Qué curioso. ¿Y de verdad te vas a ir sin saber qué es lo que está pasando y por qué se comportan así?
- Si lo que estás sugiriendo es que abordemos la nave y ayudemos a tu nuevo amigo a capturar a esos piratillas y descubrir qué es lo que se han llevado... Suena como un plan – el Doctor rió y Clara saltó emocionada.
- Parece, entonces, que la investigación se ha convertido en un juego de pillar ahora – apuntó Clara.
- Sí – coincidió el Doctor-. ¿La llevamos?

No te pierdas "El Día de la Madre" en Galacticat o bien el domingo 04 de mayo!






Obra escrita por Sergi Páez para Papel Psíquico
Doctor Who Noticias España


1 comentarios :

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Unknown
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23 abril, 2014 delete

esta interesante me dejo intrigado kiero saber mas, mas, mas, por favor no aguanto con la intriga

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