La historia de Martha o el Año que nunca existió (III)

05 agosto 2016


En los siguientes artículos vamos a tratar la forzada estancia de Martha en Japón y sus peculiaridades. Aquí podéis enlazar con la primera parte y la segunda parte de estos interesantes artículos.

Seis meses después del Día Cero Martha llega a Japón a bordo de un carguero. Por desgracia, Japón, cuna de la alta tecnología, se había convertido en un enorme campo de trabajo. Aunque lo que diferenciaba a las islas de Japón del resto de campos de trabajo es que en ellas se manufacturaban todos los componentes tecnológicos destinados a los misiles del Amo. Tal manufactura provocaba una niebla tóxica que se extendía y manchaba el cielo de todo Tokio por el norte, China por el este y Kamakura por el sud. Cabe también destacar que la presencia de los Clandestinos en las islas es ínfima.

En el paisaje urbano destacaban dos grandes cúpulas de color pizarra que marcaban la presencia de las plantas de trabajo de Kuro (negro) y Shiro (blanco). A su vez existían cúpulas subsidiarias que rodeaban a estas dos plantas principales: Ao (azul), Midori (verde), Aka (rojo) y Kiro (amarillo); Aka y Kiro dan servicio a Shiro mientras que Ao y Midori lo hacen a Kuro. Ocasionalmente, las FUC salían por las calles de Tokio a recolectar mano de obra para las plantas; fue en una de estas redadas cuando atraparon a una sorprendida Martha que acababa de descubrir que su filtro de percepción, ese filtro que la había ayudado a recorrer medio mundo, de repente había dejado de funcionar. 



Martha fue llevada al campo de Aka, allí esperaba temerosa ser reconocida a cada paso, pero tal cosa nunca sucedió porque los guardas no le quitaron la llave de TARDIS ni el manipulador del vórtice, ni siquiera le pidieron el nombre; fue entonces cuando se dio cuenta de que no estaban siendo considerados seres humanos, sino que tan solo eran esclavos, parte de la maquinaria necesaria para que la industria siguiera en funcionamiento. A su vez, Martha recibió un viejo saco de dormir, un plato para la comida sucio, una pulsera con códigos de color que denotaban sus lugares de trabajo y de dormir y un trozo de papel impreso en ocho idiomas que le explicaba sus deberes y horarios.

El campo de trabajo de Aka era un enorme dormitorio de muchas plantas bajo la cúpula principal. Había bloques de ducha locales en el nivel de tierra y sobre ellos se alzaban cubiertas de andamios con jaulas abarrotadas firmemente empaquetadas conteniendo catres de metal.  Después de seis meses de invisibilidad a Marta le resultaba raro que todo el mundo pudiera verla; especialmente teniendo en cuenta que era una joven negra en un lugar en el que la mayoría de la gente era japonesa, así que Martha sobresalía un poco.

Mientras que Aka era donde “descansaba”, en Shiro era donde Martha tenía que trabajar. En Shiro había una enorme cantidad de líneas de trabajo con miles de trabajadores en ellas. El trabajo de Martha era simple: una cinta transportadora le pasaba los tableros de circuitos en los que tenía que soldar dos chips; el problema que Martha no había anticipado era el de la velocidad de la cinta. En un momento dado consideró soldar los chips en las ranuras equivocadas, hasta que vio a un hombre ser ejecutado sumariamente por ‘crímenes de sabotaje’. Cuando acabó su primer turno Martha estaba adormecida por la fatiga, tenía las manos ensangrentadas y marcadas por lapsus y las quemaduras del soldador. No tenía ni idea de cuánto tiempo había estado trabajando; tras su turno le dieron botellas de agua y le sirvieron un cucharon de sopa de fideos en su plato. El día siguiente, y los que le siguieron, fueron exactamente como el primero. Las habilidades de producción de Martha mejoraron mientras aumentaba su velocidad, pero al final de cada turno, estaba demasiado cansada como para contar sus historias; además sus manos estaban doloridas y tenían quemaduras. La falta de luz solar no ayudaba a la existencia de un sentido del día o de la noche (ni del tiempo) y el olor acumulado en el campo era terrible. Aparte del lamentable sistema de residuos, la gente moría regularmente de cansancio y malnutrición y los guardias se tomaban su tiempo en molestarse en trasladar los cuerpos.



Una semana después de haber ingresado en Aka Martha ya se había acostumbrado a su trabajo. Se había convertido en una autómata, demasiado cansada al final del día como para hacer otra cosa que no fuera descansar. Sin embargo, un día finalmente Martha consigue reunir fuerzas suficientes como para contar algunas historias. Martha comenzó a establecer un patrón en su narrativa de lo contrario los guardas se darían cuenta si demasiada gente se movía por las cubiertas de jaulas entre turnos; así que planeó un patrón de tres noches. Dos de sus compañeros de jaula (Hito y Ono) le llevarían un grupo de esclavos la primera noche y otros esclavos, los que ya la habían escuchado hablar, se filtrarían y tomarían sus lugares en las jaulas. La segunda noche, Martha descansaría, y los esclavos que habían escuchado las historias las difundirían por las cubiertas de jaulas y las comunicarían a sus propios grupos. Cada tercera noche, Martha dejaría furtivamente su jaula e iría a hablar con un nuevo grupo en una cubierta distinta. Y así es como Martha consigue que sus historias comiencen a difundirse por Aka.

No se sabe exactamente cuánto tiempo llevaba Martha en Aka cuando se presenta Griffin frente a su catre, que casualmente había llegado a Aka tres días después de Martha. Una vez que Martha empieza a confiar (aunque nunca lo hizo completamente) en Griffin descubre que el Amo no sabe lo que está sucediendo en Japón. Para el mundo exterior Japón no es más que otra parte del imperio global del Amo. Pero en las islas no hay ningún Toclafane; la excusa es que sus perfiles energéticos perjudican los sistemas de teledirección que se manufacturan en las islas, de forma que solo se puede acceder a Japón por mar. Además, todos los supuestos soldados de las FUC ignoraron las credenciales de Griffin. El filtro de percepción de Marta también dejó de funcionar cuando llegaron a Japón, al igual que el teléfono de Griffin conectado directamente con el Alto mando de las FUC.


De nuevo, no se sabe cuánto tiempo llevaba Martha en Aka cuando descubre que que Kuro y Shiro no son las únicas plantas que existen Japón; existe una tercera planta: Koban. Cada mes los guardas sacan treinta trabajadores “voluntarios” de Aka para prestar servicio en Koban y si nadie se presta voluntario los trabajadores son escogidos al azar. La cantinela con la que los guardas pretenden tentar a trabajadores es que hay mejores condiciones, privilegios y si se completan dos semanas de trabajo puedes ganar tu libertad. Martha y Griffin  se presentaron voluntarios para Koban, aunque Griffin lo hizo a regañadientes.



Y hasta aquí las aventuras de Martha Jones en Japón. Próximamente os ofreceremos la cuarta entrega de los relatos del Año que nunca existió.






 Artículo de Ángela Ruiz para Redvista Papel Psíquico
Fuente: "La Historia de Marta" y "Last of the Time Lords

1 comentarios :

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05 agosto, 2016 delete

Qué, qué es lo que pasa en Japón? usaban las mismas artimañas del amo para combatirlo? que paso? me quedo la intriga o no se interpretar las lecturas.

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